lunes, 20 de junio de 2011

GRAN PROFESOR Y MAESTRO

Iba pisando mis sueños. Crujían como vidrios en la lluvia de la noche. Las semillas del viento se acurrucaban en el hueco de mis manos. La senda era un eclipse de luces y latidos. Hacia adelante, la espalda de mi pasado exangüe y gris: teatro de árboles secos y relojes con alertas de silencios. El cielo era un túnel donde asomaba la sonrisa perdida, y el horizonte, allá, aspiraba mi corazón herido hasta borrarlo todo. Sólo la raíz de un náufrago buscando las voces de los peces. Y el tiempo, derritiendo mis ojos, aromaba los jardines interiores. Iba solo... con la mochila quebrada en el ramaje de mis sueños; sueño y vigilia en el cenit de cangilones vacíos y sedientos: pura roca de barro y de cielo. Y el recuerdo de un río de amores resbalando en la montaña perdida. Con las alas de un pájaro negro enlacé mi esperanza. Dios, asísteme por los pecados de reír en los espejos otoñales y quebrar el silencio de las ostras. Sigo solo... ¿La lluvia lavará las ilusiones segadas? ¿Sacaré de la rosa el perfume del exilio? ¿Ya soy la sombra de mi hora equivocada?... En la noche, el espejo mira la oscuridad del cielo.

Rubén Elbio Battión

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